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Definitivo: no puedo con ello y lo llevo intentando desde que recuerdo. Precisamente estaba pensando que no me culpabas de nada, y lo mucho que te admiraba por ello. Un viejo reloj Big-Ben que marcaba torpemente los segundos, comandaba aquel silencioso ejército del tiempo. Un día, el señorío de aquel último reloj la hizo desconocer el mandato, se acercó y lo tomó. Día a día, con todo el dolor de su alma, fue poniendo en retiro verdaderas antigüedades que habían recorrido con él toda una vida. Avanzando al compás de una música que sólo ella escuchaba, embriagada y feliz. Era hermoso, disfraz superheroe casero muy hermoso para ella. No aceptaba retrasos, en eso era estricto. Nunca hasta el tope, eso creaba problemas al mecanismo. Eso fue suficiente. No necesitaba más, entró a la tienda, disfraz halloween mujer casero hizo los arreglos y lo compró. El señor entró, y ella, desde la cocina, casi a fuerza de contener su respiración, siguió sus pasos alertada por el tintineo de las llaves.

Y a través de ella, días de sol, lluvia. En la sala, antes de subir las escaleras echó un vistazo al altar y apenas vio una multitud de agujas que nadaban fantasmalmente entre la espesa obscuridad, con un movimiento presentido, recurrente. Ya iba con él aquí, allá, por toda la sala, parecía un niño fantaseando con su juguete. Su información sobre él presentaba demasiadas lagunas y, debido a eso, los factores de riesgo eran muchos. Tenía autoridad sobre todas las zonas de la casa, menos en una: el altar de los relojes. En la casa, la exactitud de las cosas y el cuidado cotidiano no lo imponía Sonia, una mujer de años y pulcritud. No soy practicante, nunca he creído en el más alla, pero desde que el bicho entró en casa, mi cielo es la web. Un día llegó a tener setenta relojes que repetían simultáneamente y de manera exacta setenta veces la misma hora.

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