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El tiempo pasa. Casi me he quedado sola en el salón de espera. Es así. Y pasa el minutero, el secundario, por la esfera lumínica de mi reloj Poljot y vuela el punto de las cinco de la tarde. A la una es la hora de la comida, en el propio módulo, y a continuación regresan a sus celdas hasta las cuatro y media de la tarde, cuando podrán volver a salir al patio. Fue entonces cuando se encontró con un vigilante de la ORA al que conocía y se enfrascó en una charla con él. EL FRACASO DE SAINT-LUC GEORGIANA PIETRI Lo primero que de él averiguó fue su nombre: Jean Saint-Luc. Ahora Ángel y él estaban bajo amenaza, y él se preparaba para responder. No parecía preocuparles que Ángel y Louis los viesen. Tienen la Cruzcampo glacial, bien tirada y una carta de vinos colorados curiosa y variada que va desde La Rioja, Toro, Bierzo hasta Extremadura, Madrid y Cádiz.

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