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No hay tal cosa -dijo José Antonio-, por suerte o por desgracia, la notoriedad nos exime de guardar secretos, ni sobre la identidad de nuestros camaradas ni sobre nuestras actividades. Varias veces patinaron y sólo la pericia y la suerte les libraron de estrellarse contra un poste de alumbrado. Un hombre fornido, de estatura mediana y frente abombada se les acercó y se dirigió a José Antonio para decirle algo importante, harley quinn disfraz casero pero al advertir la presencia de un extraño se interrumpió y arrugó el entrecejo. De sus ojos había desaparecido todo indicio de malquerencia y ahora brillaba en ellos un fulgor nuevo y extraño que Paquita, dominada por sus propios sufrimientos, no advirtió ni, de haberlo advertido, habría sabido interpretar. Las dos sequollas gigantes que el rayo asesino había hendido en la mitad de sus troncos, cambiarían la vida del bosque. El Centro, como llamaban al cuartel general de Falange Española y de las JONS, ocupaba una casa independiente y espaciosa. Los que desempeñaban cargos de responsabilidad frisaban, como José Antonio, la treintena; los demás eran muy jóvenes, probablemente estudiantes universitarios. Cautelosamente se mantenía al lado de José Antonio, cuya protección era su única salvaguardia, mientras determinaba si estaba rodeado de idealistas, de locos o de criminales.

José Antonio se los iba presentando y el inglés trataba en vano de retener el nombre de cada uno de ellos. El duque había escuchado la proposición del inglés sin dejar de caminar con las manos cruzadas a la espalda y la mirada fija en la alfombra. El inglés escuchaba estas explicaciones sin hacer ningún comentario, más preocupado por un posible accidente de circulación que por la conspiración urdida contra el alocado conductor del vehículo y sus adláteres. Cuando llegaron a Burke, vieron el primer vehículo marrón de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, y si bien iban sólo a diez kilómetros por encima del límite de velocidad, Louis aminoró la marcha. Louis y Ángel se levantaron. Viene conmigo -dijo José Antonio al notar la reserva de su camarada-. Es muy interesante -dijo Anthony- y le agradezco la confianza que supone haberme traído aquí. Vaya -dijo el otro con sorna estrechándole la mano-, Mosley nos envía refuerzos. Nada se podía hacer cuando quienes detentaban el poder no escatimaban medios para acallar su voz, dijo José Antonio durante el trayecto.

José Antonio para los amigos. Algunos amigos suyos también habían servido en Vietnam, y todos habían vuelto a casa más o menos intactos. Si al menos su labor recibiera alguna forma de reconocimiento, tal vez un título nobiliario: sir Edwin, nada más incongruente con sus ideas. Le debo una reparación y no se me ocurre nada mejor que invitarle a cenar. Volvería por ellos una y otra vez hasta salirse con la suya, y por consiguiente todas las personas cercanas a ellos estarían en peligro. Tal vez han deducido que no teníamos y han pensado, qué demonios, intentémoslo. Por nada del mundo desea un encuentro con aquel personaje al que detesta. Nada urgente, luego te lo explicaré. Misae y Shin chan van a Osaka para visitar a Hiroshi. Hiroshi, Misae y Himawari disfrutan en la playa. Hiroshi sueña que tiene una aventura amorosa pero Shin chan lo despierta. Shin chan quiere tomarse una copa helada y decide preparársela él mismo. Está seguro de que el individuo se dirigía al museo, seguramente a entrevistarse con él.

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