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Por eso cada trece de febrero sale a caminar por los parques, por las calles de la ciudad y por las principales estaciones de trenes hasta encontrar un hombre que se parezca físicamente a su difunto esposo. Wooster pens ó que el d í a ya no pod í a ir a peor, aunque por lo que a é l se refer í a, el asunto no quedar í a as í , eso ni hablar. La levantó casi hasta el hombro y descargó un golpe seco justo por encima de la mano que empuñaba el arma. Nos dirigimos hasta el gringo. La miré detenidamente desde arriba hasta abajo y dejando escapar una ligera sonrisa, me dije en silencio: esta mujer está totalmente loca. Hasta ahora no le ha ocurrido dos veces a la misma persona. No, amigo mío. Váyase tranquilo a su casa, eso no le sucederá. Eso deduje. Un observador tiene que aprender a buscar más allá del ritmo de la monotonía, de los espectáculos simples, de la palabra fácil.

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